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Antifaz y el grito necesario del punk latino: Guillo presenta su disco debut ¡Qué dolor!
Por Ezequiel Ponce
Publicado en 08/03/2026 17:22
Ruidos Subte (Punk/Garage)

 Hay momentos en que la música no nace del aplauso sino de la presión interna, como si el pecho fuera un tambor que late demasiado fuerte y necesitara romper el silencio. En ese territorio áspero y honesto aparece Antifaz, el nuevo proyecto del músico colombiano Guillermo García, conocido por muchos como Guillo, exintegrante de Mojiganga. Su disco debut ¡Qué dolor! no llega para adornar playlists complacientes: llega como un grito, como una descarga eléctrica que vuelve a recordar que el punk sigue siendo uno de los lenguajes más sinceros de la inconformidad.

 

Antifaz es la palabra clave de esta nueva etapa. El nombre del proyecto nace de una frase anónima que funciona casi como manifiesto: detrás de un antifaz todos somos héroes y villanos. Hay algo profundamente humano en esa idea. El antifaz no oculta, revela. Permite decir lo que normalmente queda atrapado en la garganta. Y en tiempos donde el algoritmo decide qué vemos, qué escuchamos y hasta qué pensamos, ponerse un antifaz puede ser una forma de rebelión.

 

La banda Antifaz está conformada por Esteban Rodríguez Arcila en la batería, Boris Vásquez en el bajo, Santiago Castañeda en el trombón, Gabriel Espitia Mesa en la trompeta y Guillo Moji en guitarra y voz. El resultado es un proyecto que bebe de las fuentes más intensas del punk latinoamericano y del ska-core noventero, con influencias de The Voodoo Glow Skulls, The Toy Dolls, Against All Authority y The Mighty Mighty Bosstones.

 

 

Pero Antifaz no es solo una suma de referencias. Es también una forma de volver al origen.

 

Según cuenta Guillo, la idea de este proyecto venía gestándose desde hace tiempo, con canciones que había escrito hace años y que habían quedado archivadas o producidas de forma muy precaria. Ese archivo emocional se convirtió finalmente en ¡Qué dolor!, un disco de 12 canciones que mezcla material reciente con temas de un demo que Guillo grabó en 2003 bajo el nombre Malos Ratos.

 

El título del álbum surge de una frase del coro del sencillo La cartera. Pero también resume el clima emocional del disco: frustración, rabia, desconsuelo y nostalgia. No es un dolor romántico ni ornamental. Es el dolor de la realidad cotidiana, de la incertidumbre social, de las heridas que deja la vida cuando uno se detiene a mirar demasiado de cerca.

 

El sonido del álbum es visceral. Una mezcla de punk crudo, ska acelerado y hardcore melódico donde los vientos dialogan con guitarras rápidas y voces que parecen salir disparadas desde el estómago. Coros breves, repetitivos y directos, como en las bandas ochenteras de Medellín que marcaron la historia del punk en la ciudad.

 

En el fondo, Antifaz funciona como una crónica emocional de nuestro tiempo.

 

Las canciones recorren historias personales y sociales que rara vez aparecen en las portadas de los diarios o en el feed de TikTok. Mata al cura, mata al Rey cuestiona la manipulación mediática y el control ideológico de las masas. Morir en la playa narra el viaje anecdótico de un punk al Caribe. Este mes nene aborda la historia de un embarazo adolescente no deseado.

 

Hay también relatos íntimos y sentimentales. Tu sonrisa cuenta una historia de desamor en Nueva York. Barcos de papel es una canción de despecho, de esos amores que se quedan flotando en la memoria incluso cuando todo terminó. Utopía de mi clase revive un amor colegial no correspondido.

 

 

El disco también observa con atención las fracturas sociales contemporáneas. El Icetex habla de la dificultad de acceder y pagar créditos educativos en Colombia, mientras que Himnos y banderas —focus track del álbum— está inspirado en el estallido social colombiano de 2021.

 

El videoclip de esta canción utiliza recortes de noticias y registros de las marchas sociales junto con imágenes de la represión estatal. La pieza funciona como homenaje a quienes salieron a las calles a defender sus derechos y a quienes resultaron heridos o muertos en ese proceso de resistencia.

 

Otra cara del álbum aparece en La cartera, un sencillo más ligero en su ritmo pero igual de mordaz en su contenido. La canción retrata esas relaciones que lentamente se vuelven materialistas e interesadas. El videoclip fue filmado de manera guerrilla caminando por los casinos de Fremont Street en Las Vegas, capturando el brillo artificial del dinero y el azar.

 

¡Qué dolor! también cuenta con invitados de bandas como Los Suziox, Johnie All Stars, Código Rojo, Pacífico Sur, Popcorn, Vaho A Peste, El Piloto Ciego y Comandante Cobra, ampliando así el mapa sonoro del proyecto.

 

En términos visuales, la portada del disco dialoga con la estética del punk californiano de los años noventa. Está inspirada en la chica del bar de la canción La cartera y fue diseñada como una ilustración de estilo vectorial basada en un tatuaje tradicional americano.

 

En una época dominada por el streaming, Antifaz también apuesta por el objeto físico: el álbum tendrá una edición limitada de 300 copias en vinilo, un formato pensado para coleccionistas y para quienes todavía creen que apoyar a las bandas también significa sostener una cultura musical tangible.

 

Durante 2026, Antifaz planea realizar una serie de conciertos en Colombia y, si las circunstancias lo permiten, algunas presentaciones en México.

 

Pero más allá de los escenarios, el proyecto parece sostener una idea más profunda: que el punk sigue siendo un espacio de expresión social necesario en América Latina.

 

Porque en nuestras ciudades —ya sea Medellín, Buenos Aires o cualquier otra— la rabia, la desigualdad y la frustración no son conceptos abstractos. Son experiencias cotidianas. Y mientras existan, siempre habrá alguien dispuesto a ponerse un antifaz, subir el volumen de la guitarra y recordarnos que el inconformismo también puede ser una forma de belleza sonora.

 

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